viernes, 4 de noviembre de 2016

Ni una de sus palabra



La soberbia estaba escrita en su mirada, porque sí, porque eso era lo que le salía del alma. A estas alturas le era difícil recordar lo que quizás en verdad nunca fue; una niña que irradiaba luz y se aferraba a la esperanza de ser amada. Pero cuando la espera es larga hasta los más crédulos se dan por vencidos. A estas alturas, la lista de decepciones ya era demasiado larga y de pronto un día se dio cuenta que ya no sentía nada. Las fuerzas para remar contracorriente sencillamente no estaban.
Y aquél iba a ser un día más, otro día en el que llamaron a las doce en punto a la puerta. Él ya llegaba para ofrecerle las limosnas de su tiempo. Ahora empezaría un juego cuerpo a cuerpo en el que se fingiría algo parecido al amor, pero rompiendo las cadenas de la rutina ella se quedó quieta y callada mientras los golpes en la puerta no cesaban. No quería volver a bailar a la conveniencia de nadie, no quería a alguien que no la tuviese en mente a jornada completa, no quería escuchar ni una de sus palabra.

lunes, 25 de julio de 2016

Todo


Lo tenía todo,  todo lo que se supone que debe ir acompañado de la felicidad, pero no es así, no es verdad. Todo lo que tenía eran solo atenciones fingidas, caricias que ni siquiera eran de verdad. El olor de las flores de cerezo la envolvía en su fragancia brindándole un consuelo efímero, tan efímero que tal vez tampoco era real.  

lunes, 27 de junio de 2016

Verano en blanco y negro




El sol yaciente daba respiro a un opresivo calor para dar paso al frescor liberador de la noche mientras la suave brisa se alzaba para de manera descarada agitar unos cabellos dorados con olor a flor.
Con las primeras penumbras fueron muchos los que dijeron adiós a unas mansas aguas teñidas ya con escaso color pero ella allí seguía, ella no estaba dispuesta a dar aquél adiós.  Hubo un tiempo en el que ella fue como ellos, un tiempo en el que compartía risas y diversión, un entonces en el que en su corazón latía deprisa el amor. Aquél verano seria en blanco y negro pero no había lugar al llanto pues más tarde o más temprano volverían a su vida las motas de color.